¿Todo vale en los acuerdos prematrimoniales?

¡Qué tendrá una alfombra roja! Es pisarla y te haces amig@ de excentricidades tales como la de comprar islas por diversión, usar guiones infumables como blanco de práctica de tiro, comprar pueblos enteros, coleccionar viales de la sangre de tus parejas o lavarte el pelo con agua de Evian.

La Paramount, Universal, Columbia, 20th Century Fox o la Warner Bros y Metro-Goldwyn-Mayer están acostumbradas a lidiar con las vanidades y orgullos de airados actores y arrogantes actrices que ocultan filias y fobias que se pierden a golpe de talonario entre éxitos, estrenos y grandes producciones.

Hollywood nos tiene acostumbrados a brillos, luces, charol, guantes y plumas. Pero, cuando los focos se apagan, las estrellas de la fama se desenvuelven de sedas, tacones, volantes y tules y huyen, en ahumado, hacia un mundo interior de vacíos que, algunos, rellenan con deseos exigentes y peticiones de atención absurdas.

Marlon Brando, Kim Basinger, Tom Cruise, y no iba a ser menos la latina Jennifer López, ¿no? Es por todos conocido que Jennifer López es una “friki” de la limpieza y que, por ello, es algo exigente con la de los baños que la rodean. Pero, quizás no todos sepáis que, desde hace años, solo apoya su “trasero” en inodoros que puedan ser cubiertos por un asiento que siempre lleva consigo –por ser un regalo de su adorado Ben Affleck– y que tiene incrustados rubíes, zafiros, perlas y algún diamante, cuyo precio en el mercado oscila sobre unos nada despreciables 105.000 dólares. Y, es que, cuánto amor rebosan algunas inversiones, ¿verdad?

Puede que “Jennifer” vea a “Ben” muy enamorado pero, quizás, algo menos apasionado y, ella, que es una mujer de raza y temperamento, a sus casi 53 quiere asegurarse de que a la cuarta va la vencida y, si se casa con “el Affleck” éste sea un matrimonio ya para toda la vida.

Así es que, hace unos días nos sorprendía con una noticia que, cuanto menos, ha sido comentada a nivel mundial: Jennifer López se asegura tener sexo con Ben Affleck, al menos, cuatro veces por semana, suscribiendo con su amado, un nada despreciable pacto que se incluye entre los más comentados acuerdos prematrimoniales de la historia.

Del acuerdo no ha trascendido mucho más, pero, si lo comparamos con los acuerdos prematrimoniales de nuestro país, el pacto alcanzado entre estos dos famosos actores, choca y, bastante, con nuestro ordenamiento jurídico.

Hace un tiempo, en nuestro post de “¿Truco o Trato?”, os hablábamos de los acuerdos pre y potmatrimoniales en España.

Si bien es cierto que en base a lo preceptuado en el artículo 1323 del Código Civil  los cónyuges pueden celebrar entre sí cualquier tipo de contrato, lo cierto es que, aun existir “libertad de pacto” y poder regular tanto aspectos personales como los patrimoniales, nunca los acuerdos adoptados podrán contravenir “la ley, la moral ni el orden público”.

Y, mucho me temo que, realizar acuerdos prematrimoniales en España que contemplen que tu pareja venga obligada a mantener contigo, como mínimo, un número de relaciones sexuales a la semana o en otro tiempo concreto, sería totalmente contrario a la dignidad, y a la libertad de las personas.

Por ello, entiendo que en España, este tipo de acuerdos o de pactos podrían ser declarados nulos de pleno derecho.

Un acuerdo sexual de tal calibre supone limitar los derechos del otro en relación a su libertad personal. ¿Qué pasaría si tan solo le apetece mantener sexo tres veces a la semana y no cuatro o, si no le apetece mantenerlo durante un tiempo?

Personalmente, creo que pactar sobre el número de veces que hay que mantener sexo o sobre cómo y cuándo mantenerlo, rompe de un plumazo con la magia de la improvisación, o de la creatividad y diversión qué debería existir siempre en toda relación íntima con nuestras parejas.

Poner presión en relación a la cantidad de veces o a si ha de ser más o menos regular y reflejar todo ello en pactos de un acuerdo prematrimonial, solo implicaría anular la libertad del otro y el libre desarrollo de su propia personalidad.

Podríamos incluso hablar de un delito de agresión sexual si bajo un pacto se llega a forzar al otro miembro de la pareja a tener o mantener sexo sin querer. Hay que tener cuidado con no cruzar líneas rojas en los acuerdos prematrimoniales.

En España no serán válidos los acuerdos prematrimoniales que no respeten la plena igualdad entre los cónyuges. Los Tribunales españoles se ven obligados a anular toda cláusula que sea contraria a dicha igualdad. El contenido de los acuerdos no pueden dañar el orden público, la ley o la moral.

El derecho español da amplia libertad a los cónyuges para realizar los pactos o imponer las cláusulas o condiciones que voluntariamente consideren pero, con el único límite que se aplica a todo contrato: siempre y cuando no sean contrarios a las leyes, a la moral o al orden público (artículo 1255 del Código Civil).

En relación al orden público, las cláusulas que se deberían evitar serían todas aquellas que pueden ser contrarias a la protección de la familia o a la protección de los hijos o de cualquier tercero. De igual modo, no se aceptarían cláusulas contrarias a los derechos fundamentales de los futuros cónyuges, ya sean el derecho a la igualdad, o al libre desarrollo de su personalidad.

Nunca podrán realizarse pactos en acuerdos prematrimoniales que perjudiquen de forma directa o indirecta a los hijos o futuros hijos del matrimonio.

¿Qué pactos al respecto podrían considerarse como perjudiciales?

Por ejemplo, privar a alguno de los cónyuges del derecho de visita a los hijos, o pactar que uno de ellos deba renunciar en caso de divorcio o de separación al ejercicio de la patria potestad, o cualquier acuerdo que excluya de la pensión de alimentos de los hijos, etc. Si el acuerdo no vela por el interés superior del menor, será anulado. Hay que tener en cuenta que, cualquier previsión a futuro que los cónyuges realicen con respecto a los hijos menores, va a necesitar, siempre de la aprobación judicial, por lo que, aun haberse pactado en un acuerdo pre o postmatrimonial, cuestiones sobre los hijos, éstas, para que sean válidas y aplicables, deberán ser aprobadas en el momento procesal oportuno por un Juez competente en la materia.

Puede darse el caso, de que uno de los cónyuges, pacte en un acuerdo pre o postmatrimonial renunciar a determinados derechos y que tal renuncia perjudique a terceros. Imaginemos que uno de los cónyuges renuncia a su derecho a pensión compensatoria y que ello perjudique a orden algún familiar que entonces deba prestarle alimentos para evitar de ese cónyuge una precaria situación. En tal caso, ese tercero que se convertirá en acreedor, podrá iniciar una acción de nulidad del acuerdo prematrimonial por considerar que se menoscaba el orden público.

Será nulo también, cualquier pacto que prohíba a uno de los cónyuges poder solicitar el divorcio o que le obligue a tener que indemnizar en caso de solicitar el mismo. Tales cláusulas irían, en todo caso, en contra de los derechos fundamentales de igualdad y de libertad.

En Estados Unidos, contrariamente, están acostumbrados a lo singular y a la extravagancia de Hollywood. Actores y actrices están familiarizados con el engaño y, habitualmente, pactan cláusulas con indemnizaciones suculentas a pagar por quien cometa una infidelidad.

Debo decir, pero, que Jennifer López no ha sido la primera persona en intentar blindar contractualmente un número determinado de relaciones sexuales. Años antes, Joanna Krupa, tuvo la habilidad de hacerle firmar a su magnate esposo que, al menos, mantendrían sexo durante tres veces por semana.

Madonna fue más allá y consiguió exigirle a Guy Ritchie por contrato, que, al mantener relaciones sexuales debía conseguir centrarse en la expresividad de su esposa porque, de lo contrario, si Madonna no estaba satisfecha podría solicitar el divorcio en cualquier momento. Y, ¡ojo! si Justin Timberlake le es infiel a Jessica Biel, ésta se embolsa la no despreciable suma de 500.000 dólares.

Puede que Jennifer López no haya sido precursora, y, tampoco sabemos cómo llevarán a cabo el acuerdo sexual propuesto pero, una cosa, está clara y es que, Jennifer López parece no estar dispuesta a compartir a Ben Affleck. Así que, tras años reclamando un anillo que no llegaba, ahora que por fin su dedo anular lo exhibe no está dispuesta a que su matrimonio lo separe nada ni nadie.

Pero, lo que quizás “Jennifer” no sepa es que, como Nietzsche decía, a veces, “el matrimonio acaba muchas locuras cortas con una larga estupidez”.

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