Suelo decir que los abogados, antes de entrar en Sala, somos como cualquier artista antes de salir a escena.

Todos tenemos nuestro ritual, supersticiones o manías. Vestimos nuestra actitud con nuestras mejores galas -o eso es lo que pretendía el art. 57.1 del Estatuto General de la Abogacía, al establecer que “adecuáramos nuestra indumentaria a la dignidad de nuestra función”-.

En el “backstage” –los pasillos de los Juzgados– cada uno repasa mentalmente su papel, en un ambiente que desprende la inquietud, excitación, ansiedad y nervios de quien se lo juega todo a una sola carta.

El cuerpo de actores espera tras el telón de la Sala: el abogado protagonistaabogado de la parte actora– repasa con su actor principaldemandante– los hechos importantes de la obrademanda-. Mientras, el abogado antagonistaabogado de la parte demandada– da las últimas directrices a su clienteotro actor principal– sobre aquellos aspectos que no interesa reconozca o que interesa que haga valer. Junto a todos ellos, sus representanteslos Procuradores de cada una de las partes– quienes ponen en alerta al abogado y al cliente de los aspectos procesales a tener en cuenta.

Los figurantesacompañantes de las partes– y testigos esperan moviéndose de un lado a otro. Se escucha un murmullo tenso de fondo.

Entretanto todos repasamos nuestros papeles e intervenciones y comprobamos que las lucespruebas– y decoradoel estrado– están preparados. Se levanta el telón y el regidorel agente– sale a escena comprobando que todos estamos presentes y listos para actuar. Nos pide la documentación, y nos solicita conocer quién intervendrá y en calidad de qué y, tras dar cuenta al directoral juez-, se nos acomoda en el escenario, se levanta el telón, se abren luces, y… ¡silencio, se graba, acción!

Primer acto:

El Juez toma la palabra: “ Buenos días, se va a dar la celebración del juicio ordinario 000/2020 donde como parte actora consta “X” y como parte demandada “Y”. Doy la palabra a todos los intervinientes para que se presenten e identifiquen”.

El cuerpo de actores ya estamos preparados y, abogados y procuradores, uno a uno, nos identificamos ante el micrófono con nuestros nombres, apellidos, profesión y número de acreditación.

Una vez todos identificados toma la palabra el juez diciendo: “Vamos a proceder a la práctica de la prueba acordada. Estaba previsto el interrogatorio de la parte demandada. Por favor, Sr. “Y”, ¿puede acercarse al micrófono? Conteste a las preguntas de la parte actora”.

Por fin es mi turno. Esta vez actúo en el papel de abogada de la parte actora.

Salgo a escena. Mis nervios, tensión y dudas, en ese instante desaparecen. Desconozco el motivo, pero, como a muchos artistas, las luces y el “foco” me relajan. Quizás se deba al “efecto mariposa” que da lugar a la “teoría del caos “pero, lo cierto es que, en ese preciso momento en que debo tomar la palabra, respiro profundo, miro al interrogado a los ojos, y dirigiendo mi voz hacia el “micro”, saludo al Sr. “Y” antes de empezar mi batería de preguntas y, justo entonces, las mariposas de mi estómago, rápidamente, desprenden sus alas y con un par de grandes aleteos, todo el desorden y caos que provocaban mis dudas en mi mente desaparecen.

Dicen que “pequeñas acciones son capaces de generar grandes cambios “y, es cierto, porque tras el que ya considero un ritual, mis nervios se tornan en serenidad y, mi mente, ya sin dudas, solo visualiza un objetivo: el de conseguir la respuesta esperada.

Llega el momento de interrogar. Seguramente esta es una de las artes que se nos presupone de entrada a los letrados y letradas, pero, en la práctica, la realidad es otra y, como todo arte, aptitud o talento, no solo requiere de técnica, sino de la suficiente habilidad y, por supuesto, de un gran entreno, pericia y experiencia.

Muchos son los artículos que dan pautas sobre cómo interrogar. Algunos muy útiles, por cierto. Pero, soy de las que piensa que “cada maestrillo tiene su librillo” y, por tanto, lo que me sirve a mí, quizás a ti no te funcione, y viceversa, porque, cada uno de nosotros, tenemos una personalidad distinta y diferentes habilidades y talentos que nos hacen únicos y a la vez diversos. Así pues y, aunque no haya una única forma de interrogar o de ser brillante en un interrogatorio, sí que estoy de acuerdo con ciertas formas o aspectos que pueden ayudar a salir airoso en el ejercicio de esta práctica de prueba:

En primer lugar, creo que es indispensable no subestimar a tu adversario. Siempre será útil intentar ir un paso por delante y mirar de conocer de antemano a quien tenemos enfrente. No hará falta que seamos hostiles. A veces, empezando con una  pregunta abierta  servida en tono amable conseguiremos acercar al contrario a nuestro terreno, para después, mediando preguntas cerradas mirar de conseguir respuestas favorables a nuestras pretensiones.

En momentos determinados se comete el fallo de realizar preguntas sin tener un objetivo, o teniéndolo pero distrayéndonos del mismo y, ¿qué sucede entonces? pues, que si no realizamos preguntas con un objetivo alcanzable podremos perjudicar nuestra línea de defensa. Es mejor no preguntar y mantenernos en silencio si no tenemos claro que podamos alcanzar nuestro objetivo con la pregunta que realicemos.

Siempre qué hagamos preguntas, debemos previamente calcular los riesgos de la posible respuesta. No deberíamos lanzar preguntas sin sentido o que no nos lleven a nuestro objetivo porque, en tal caso, perderemos credibilidad ante el juez y, ese error, solo hará que el interrogado nos gane la batalla controlando el interrogatorio y dejándonos fuera de juego.

Una vez hayas alcanzado tu objetivo con la respuesta a la pregunta realizada, no sigas. A veces estamos tan metidos en nuestra lista de preguntas preparadas que, en lugar de darnos cuenta de que el interrogado nos da la razón con su primera respuesta, seguimos incidiendo en preguntar y preguntar y, solo hacemos que perjudicarnos, puesto que si el interrogado ha caído en su equivocación, podrá matizar y concretar o aclarar la respuesta y, en ese momento, nuestro objetivo solo hará que alejarse nuevamente.

Es importante que estés centrado en tu interrogatorio, pero que prestes gran atención a las respuestas que da el interrogado. Si contesta dándote una respuesta que te acerca a tu objetivo, cambia de tema o cesa en tu interrogatorio, pero nunca incidas en lo mismo o vuelvas sobre ello.

Otro aspecto importante es que nunca preguntes al interrogado si desconoces la respuesta que te puede dar. Las respuestas inesperadas pueden perjudicarte si no habías previsto una contrapregunta acertada contra la misma. Hay que evitar preguntas importantes de las que desconozcamos el resultado para evitar así también recibir respuestas que no nos gusten o que sean contrarias a nuestro objetivo e intereses.

Una situación que a veces incomoda en un interrogatorio es cuando te encuentras con un interrogado que, o bien sabes que está faltando a la verdad o que parece que cae en el olvido de todo y no hace más que responder con un: “no recuerdo”, “no le sabría decir”, “no sé”… en ese caso, es bueno que le preguntes por detalles mediante preguntas abiertas, seguramente, si recuerda aspectos que una persona normal no recordaría o, si por el contrario dice no recordar nada, será señal evidente de que está mintiendo y, ello será algo que el Juez también advierta.

Las respuestas de la parte deberán limitarse a afirmar o negar la pregunta. Siempre es mejor hacer preguntas cortas a plantear preguntas que permitan que tu adversario se extienda Jamás preguntes ¿por qué? durante el contrainterrogatorio. Porque aclarará según la versión que a la contraparte le interese dar y ello puede perjudicar enormemente los intereses de tu cliente.

Con el interrogatorio debes intentar hacer que el Juez compruebe que tu versión es la correcta y debes poder conseguir resaltar la incoherencia de la versión de la parte contraria.  Es mucho mejor que realices preguntas por bloques para que, de ese modo, exista una secuencia y orden cronológico que aclarará al juez la versión. No seas desordenado.

La planificación es lo más importante. Si te has preparado un juicio y tienes claro tu objetivo difícilmente te irá mal. Evidentemente, la decisión final no es nuestra. Podemos perder o ganar. Pero siempre que haya planificación, preparación y tengas claro tu objetivo en las preguntas que plantees, si mantienes, además, un buen ritmo y autocontrol, seguro que brillarás en tu papel en sala y, ganes o pierdas, tu cliente estará satisfecho.

Segundo acto:

Una vez finalizado el interrogatorio y la parte contraria realiza las contrapreguntas de este Juicio civil ordinario, siguiendo con el guion, llegamos al último acto y, el Juez, nos dejará concluir sobre la prueba practicada.

Generalmente, no disponemos de más de cinco o diez minutos. Tiempo que, muchas veces puede parecer poco y otras muchas se presenta eterno. Muy pocos abogados sobresalen en sus conclusiones. Y, es que, como en toda obra, es complicado hacer mediante un “speech” o monólogo una dirección de escena y, mucho más aún si ésta sirve para enmarcar a los personajes en un contexto y tiempo determinado y, además,  para realizar acotaciones, dados los hechos probados en ese mismo instante. Es tiempo de improvisación y, salvo que tengas una técnica brillante, te aconsejo que previamente te hayas preparado un buen guion.

Es el momento de hacer entender que con la prueba practicada has conseguido tu objetivo. Es tiempo de desmontar a figurantes y de desvirtuar a testigos que hayan manifestado interés en el pleito o que han salido a escena demostrando que son, en todo caso, “racionistas”. Pero, hazlo siempre desde el respeto y nunca atacando al contrario o menospreciando al compañero. Exhibe con tus argumentos qué actores han actuado desafortunadamente en este pleito –que es tu obra-. Estructúrate antes de empezar a hablar, sigue el guion que te has preparado. Sé conciso y breve. No leas. Nunca repitas o releas tu escrito de demanda y/o contestación. Has de realizar un informe final con una exposición coherente y ordenada,  de conformidad con lo dispuesto en el art. 433 de la Ley de Enjuiciamiento Civil (L.E.C.).

Un buen consejo es el de ir analizando uno a uno los hechos controvertidos con la prueba practicada y con los hechos que han resultado probados y que te interesa remarcar.

Es importante que con tu intervención captes la atención del Juez. Debes ser hábil, has de intentar tener un buen discurso que le convenza y que, a la vez entretenga. Has de conseguir que el Juez tome notas interesándose por tu “speech”. Debes hacer que la balanza se incline de tu lado y para ello deberás influir en su ánimo para que te favorezca en su decisión final: juega con la voz, con el tono, con las pausas…¡llama su atención!

Una vez termines tus conclusiones como parte actora, se le dará el turno para conclusiones a la parte demandada en el procedimiento. Es importante que mantengas una escucha activa, que no te sorprendas ni gestualices, aunque a veces te cueste reconocerte o reconocer los hechos en su discurso.

Una vez concluya, el Juez dejará el juicio visto para sentencia y, tras despedir al cuerpo de actores, sin aplausos finales, todos seremos acomodados a la salida por el Agente -Regidor.

Fuera de escena, de nuevo en el “backstage”los pasillos de los Juzgados-, todos nos despedimos, nos desposeemos de togas, rigor y solemnidades y con nuestros porfolios nos vamos hacia nuestros camerinos despachos-, donde, a veces, con el ego herido, otras con el orgullo de quien se siente vencedor, nos retiramos en silencio intentando abstraernos hasta nuestra próxima función.

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