Una de las razones que me impulsaron a ejercer mi profesión es la de poder denunciar desde mi posición cualquier situación que se torne injusta, contraria a derecho o que vulnere los intereses y derechos de las personas.

Llevo muchos años, dedicándome, entre otras especialidades, al derecho de extranjería. No es nuevo para los que ejercemos en esta materia tener que lidiar con multitud de situaciones adversas que, curiosamente, pocas veces vienen por la tramitación y gestión de nuestros expedientes o por la situación personal y/o administrativa del cliente, sino por cuestiones técnicas que son meramente burocráticas y se escapan de nuestro ámbito de actuación. El derecho de extranjería se rige por una Ley rituaria de hace veinte años, cierto es que necesitaría algún tipo de adaptación a nuevas situaciones, pero, lo que es absolutamente vergonzoso e indignante es que en el año 2020, en pleno siglo XXI, tengamos un sistema de acceso a la tramitación de ciertos trámites para concluir expedientes de extranjería, como el de la toma de huellas para poder obtener la T.I.E.. (tarjeta de identidad de extranjero), o para poder acceder a una renovación de ciertos permisos como es el de larga duración que se den la mano con herramientas que bien seguro se aproximan más al paleolítico superior que a las de este milenio.

Con este artículo, pretendo un desahogo mediante este grito al foro, pero, además y, sobre todo, me gustaría dar a conocer una situación que me parece totalmente injusta y absolutamente contraria a derecho: Todo el sistema de regularización de la situación administrativa en extranjería, siempre ha funcionado mediando y mediante largas dosis de paciencia. Y digo esto porque, en Barcelona, cuando un extranjero, hace años, quería regularizar su situación debía hacer largas colas de horas e incluso a veces días, ante la Subdelegación del Gobierno cuando, estaba situada en la Avenida del Marqués de l´Argentera, un sistema que, incluso para aquellos ciudadanos del mundo que necesitaban protección internacional y asilo, se ha alargado hasta este mismo año, haciendo que las personas tuviesen que hacer cola a la intemperie, delante de la Oficina de Extranjería de Passeig de Sant Joan, a veces durante días, para poder obtener una cita ante policía nacional para dentro de más de 10 meses. Vergonzoso. Más tarde se introdujeron sistemas telemáticos de petición de citas para poder entrar expedientes de extranjería. Que, aunque al principio funcionaban bien, pasaron a hacer que tras días intentando que el sistema te otorgara cita, se te concedía el beneplácito de la misma para cinco meses vista. Hoy la situación ha avanzado y se nos permiten entrar los expedientes, desde hace escasos tres meses, vía telemática y sin cita previa, pero, ahora la lucha es en la fase final del proceso de regularización, cuando el extranjero ya ha obtenido la resolución favorable de su expediente y ya tiene permiso de residencia y/o trabajo. Entonces necesita el TIE, la tarjeta de identidad de extranjero (lo que equivale al DNI de un ciudadano español o nacionalizado español). El TIE se obtiene mediante un proceso telemático de cita previa que una vez te concede cita te permite dirigirte a la comisaría de policía que te corresponda para poder poner tu huella y obtener el “plástico” que te identificará como extranjero con permiso de residencia durante un año, al principio, dos años después, o con suerte, cinco y demás.

Llevábamos años soportando que la aplicación enviase a nuestros clientes extranjeros para poder poner la huella para el TIE por toda la provincia. ¡Cuántas veces he enviado a un cliente residente en la ciudad de Barcelona a Vic, a Terrassa, a Mataró, etc., para poder poner la huella ante la comisaría que aleatoriamente tocaba y, una vez puesta, tras 45 días vuelta de excursión a esa población para poder retirar el documento! ¿Acaso si como españoles se nos hiciese ir a renovar nuestro DNI a cualquier otra población distinta a la de residencia no pondríamos el grito en el cielo? Todo abogado de extranjería y su cliente, al iniciar un expediente, comienza una carrera con mil y un obstáculos. Me río de aquellos que tan alegremente dicen aquello de: “claro, los extranjeros siempre tienen facilidades. Llegan aquí, les regalan sus papeles, les dan ayudas….”. Animo a todos ellos a adentrarse en el fabuloso mundo de dificultades de las oficinas de extranjería y, ahora sobre todo, de las comisarías de policía para toma de huellas.

Pero, eso no es todo, y como en todo circo, crecieron los enanos. Llegó la pandemia y con el estado de alarma se bloquearon las citas ante las comisarías de policía. No se pueden obtener citas si no entras cientos de veces en la web del “proceso automático de citas” –quizás consigas una tras más de 8 horas seguidas “clicando” tras un millón de “no hay citas disponibles– o si se pagan a 50 o incluso hasta 150/ 200 euros cuando son gratuitas y nunca nadie debería pagar por ese servicio. Es imposible que los abogados podamos pasarnos 24 horas ante un ordenador buscando citas de manera sistemática. Todos tenemos miles de asuntos y hay cientos de clientes pendientes de cita para huella. No entiendo que no se concedan citas pero que, ciertos despachos, gestorías, locutorios y demás, ofrezcan citas por internet, o por aplicaciones como Wallapop, cobren de 50 a 150 Euros por ellas a los extranjeros -¿dónde consiguen las mismas si no hay citas disponibles?– y que la propia policía, que es conocedora de la existencia de ciertas mafias con las citas permita que esas personas puedan seguir haciendo negocio valiéndose de la desesperación de la gente. Evidentemente todos sabemos que hay necesidades políticas en el bloqueo para obstaculizar procesos migratorios. Todos conocemos que las escasas reformas que se han hecho en el portal para impedir la especulación con las citas no funciona y es totalmente insuficiente. Tras diferentes auditorías y quejas del Defensor del Pueblo,  y del CNI se introdujeron herramientas como la de limitar el número de solicitudes desde una misma IP al día pero, igualmente, las medidas han sido totalmente insuficientes y, el problema persiste.

Señoras y Señores, no hay ciudadanos de primera o ciudadanos de segunda o de tercera. Las personas somos personas con independencia de dónde nazcamos, de cómo seamos o de lo que tengamos. Hace tiempo que series como la de “Norte y Sur” dejaron de emitirse, aunque algunos, parece, que se quedaron anclados a una frecuencia y época  trasnochadamente injusta.

Me niego a creer que porque a alguien le parece que ya somos muchos o que no cabemos todos haya millones de personas en este momento con una resolución favorable que les concede el derecho absoluto a residir y trabajar en España pero que, por no poder obtener una cita estén sin TIE y se les impida ser ciudadanos iguales en derechos y libertades. O que haya personas que lleven años de manera regular en España pero que no puedan renovar su T.I.E. Sin acceder a su documento de tarjeta de identidad de extranjeros, se les impide acceder a cosas tan básicas como la de abrirse una cuenta bancaria –muchos tienen incluso bloqueada la que ya tenían al no poder renovar huella (por qué renovar huella cuando policía ya tiene la misma en su base de datos, ¿acaso las huellas en los extranjeros son distintas a las de los nacionales y cambian?)-, no pueden viajar, ni desplazarse a sus países de origen a ver a sus familias; muchos tienen problemas de acceso a un puesto de trabajo por no poder acreditar su identidad con la T.I.E., o a una vivienda, por lo mismo, por no poder aportar un documento.

Y, no solo tal circunstancia perjudica al extranjero. A nosotros como abogados nos deja en una posición de duda constante ante el cliente. ¿Por qué tú no consigues cita para huella cuándo el locutorio de la esquina o un mensaje en Wallapop le vende una? Sí, ciertamente, al extranjero le parece caro pagar por una cita pero, al final, muchos prefieren ahorrar ese dinero y pagarle al “listo” mientras que el resto de legales y, al parecer “tontos” nos quedamos con tres palmos de narices esperando una respuesta de una inoperante Administración y sin haber podido darle una solución libre al cliente.

Se me escapa qué pretende la Administración. No entiendo esa necesidad de complicar lo sencillo. Y es que, ¡qué ganas de insistir en aquéllo que nos aleja del resultado! Qué ganas de “rizar el rizo” de la ineficacia: ¿qué las citas para huella y larga duración están bloqueadas? Pues, ¡dos tazas! Ahora una vez eres “el elegido” para impronta de tu huella, en lugar de tener que ir a recoger el T.I.E. a los 45 días, sin cita previa, debes volver a acceder al sistema de cita previa para lograr conseguir cita para la recogida de TIE. ¡Lo nunca visto! Y, yo me pregunto: ¿no sería más fácil, cómo ya solicitamos y proponemos los abogados desde hace años, que una vez dicten resolución favorable al extranjero, en la misma resolución, aparezca el día de la cita para policía? Eliminaríamos problemas y continuaría el Ministerio de Interior teniendo ese ansiado y, entiendo que lógico, pretendido control sobre los extranjeros puesto que éstos irían igualmente a comisaría a obtener su documento pero, sin dilaciones indebidas.

Estamos en un momento complicado. Social, sanitaria y económicamente el país está en una lucha constante por salir adelante. No pretendo pedir para los extranjeros o para nosotros, abogados de extranjería, mayores recursos que el de aquellos sectores que están pasándolo mal y luchan por sobrevivir en este mar de dudas que se ha convertido nuestro mundo hoy, ni quiero que nadie piense que estoy buscando hacer a nadie merecedor de “pases vip” o privilegios en esta larga cola de ciudadanos hacia la que era nuestra vida normal. Solo quiero dignidad para todo el mundo e igualdad en derechos. Solo quiero que se nos permita hacer nuestro trabajo y que no se nos pongan más trabas. Todo abogado sabe que nuestra profesión es de constante lucha, pero los abogados de extranjería batallamos, constantemente, sin munición ante una burocracia sorda que no hace más que conculcar derechos y abrir brechas que nos alejan de cualquier avance hacia una sociedad justa, moderna y globalizada. Hay sitio para todos. Únicamente debemos buscar la forma de hacer fácil lo difícil. Recordemos que la “burocracia amarra el progreso”. Dejémosla atrás y subamos, en extranjería, a la magia de estos nuevos tiempos de progreso porque, la burocracia es deshumanizadora y, asfixia el espíritu de todo individuo comprometiendo el futuro de toda democracia. No se pueden confiar las decisiones a criterios puramente técnicos que destruyen un sistema; sistema que en un inicio, ahora, parece que se moderniza y elimina obstáculos, haciendo que sin tener que solicitar cita al inicio, todo fluya mejor y más rápido pero, parece que, ese miedo a soltar lastre burocrático que sufre la Administración, impide que el procedimiento termine con la dignidad merecida. La falta de solución y remedio al problema conculcan derechos de los ciudadanos desmereciendo ya no solo el trabajo de la Administración sino, lo que es peor, el de nosotros, los abogados de extranjería y migración; abogados acostumbrados a la lucha por defender desigualdades pero, que jamás nos podremos acostumbrar a ver empañado nuestro trabajo, asesoramiento y labor por problemas técnicos que aunque nos son ajenos y además nos hacen perder tiempo y muchas veces la paciencia, no nos van a doblegar.

Como dijo una vez, una novelista canadiense a la que admiro, Margaret Atwood “espero que la gente, finalmente, se dé cuenta de que hay sólo una raza – la raza humana- y que todos somos miembros de la misma”.

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