Siempre he creído en dos tipos de ignorancia. En la ignorancia del que desconoce y no sabe, pero, a quien le acompaña la prudencia y, la del ignorante osado. La primera, nunca me ha dado miedo, sino respeto, pero, la segunda sí, porque, para mí, es una ignorancia que, como Antonio Machado decía, al final, desprecia. Y, el desprecio supone humillar y negar al otro, implica sentirse superior y lleva a sentimientos profundos de aversión e incluso de odio hacia alguien.

Estudié derecho para, desde una humilde posición, poder luchar cada día por aquellos derechos que para mí siempre han sido importantes y se distancian al galope de todo sentimiento contrario a la igualdad, a la justicia y a la equidad. Y esa lucha es la que, como miles de compañeros, intento abanderar cada día en los Juzgados.

Nunca pensé que mi campo de batalla se ampliaría a foros como éste donde, por momentos, tendría que afilar mis palabras y darle aplomo a mis frases para, así, ponerle voz a aquellos que, por su situación o por la que les ha tocado vivir, marchan cabizbajos sintiéndose inferiores ante un mundo de osados ignorantes. Y, aunque es cierto que, nunca lo pensé, en realidad, no me importa, porque si con artículos como este consigo acercarle a alguien que ahora ignora que, más allá de la comodidad de nuestras estructuradas vidas, otros, viven entre las desestructuras y reestructuras de sociedades políticamente inciertas y entre la divergencia y la incomodidad que ocasiona luchar por sobrevivir entre sinrazones pasivas, me sentiré satisfecha.

Nadie es más que nadie, puesto que todo ser humano, mientras no descubre y obtiene información sobre algo, es ignorante y, el conocimiento, dicen que es infinito. Pero, si como decía Sócrates, “el conocimiento nos hará libres”, ¿por qué no conocer antes de opinar y despreciar por ignorantes?

Llevo mucho tiempo escuchando como a través de medios de comunicación se habla de menores extranjeros no acompañados (MENAS). Y, me entristece comprobar como siempre se hace alusión a ellos con desprecio. En “cara a cara con un MENA” se explica y comprueba visualmente que es lo que muchos piensan sobre estos menores ignorando, siempre, la realidad que a todos ellos les acompaña y les ha tocado vivir.

Los menores extranjeros no acompañados (MENAS), según la Alianza Internacional «Save the Children» en Europa y el alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados,  son “los niños y niñas menores de 18 años que están fuera de su país de origen y separados de sus padres o su cuidador habitual”.

Los medios de comunicación nos trasladan a diario dramáticas informaciones sobre conflictos armados que destruyen las ilusiones de futuro de multitud de seres humanos. A pocas millas, las armas, la violencia o la pobreza extrema desgarran sueños, rasgan vidas y estigmatizan familias que, desesperadas, buscan cualquier esperanza a una vida mejor.

Y así es como llegan a España multitud de niños de entre 14 y 17 años, desde Senegal y Ghana la mayoría o del Magreb o Siria, para ayudar a sus familias. Viajan solos, en largas travesías, durante días, meses o años . Con enorme fortaleza y valentía se separan de sus padres y hermanos sin saber cuándo van a poder volver a reunirse, o si, lo harán algún día.

No son delincuentes . Son VALIENTES. Grandes guerreros que, mientras la mayoría de nosotros tenemos todas las oportunidades de ayuda, formación y promoción, luchan contra la pobreza y falta de recursos económicos y personales de sus países dejándolo todo, con sus corazones rotos y lanzándose a un mar incierto o arriesgando su vida en los bajos de un camión, sin nada más que una mochila llena de ilusiones que pronto se desvanecen entre violencia, trata, explotación, violaciones y en algunos casos, incluso, tras la muerte.

Los menores extranjeros no acompañados (MENAS) llegan desconociendo nuestro idioma, ignorando nuestra cultura. Muchos llegan enfermos y la mayoría, indocumentados, puesto que las mafias les mienten e indican que si al llegar aquí no acreditan su edad, lo tendrán más fácil para hacerse pasar por menores si no lo son.

Cuando pisan suelo español, policía activa el llamado Protocolo Marco sobre determinadas actuaciones en relación con los menores extranjeros no acompañados (MENAS) que en aplicación de normas tales como la Ley de Extranjería, el Código Civil y la Ley de la Infancia, establece las pautas y procedimiento a seguir cuando los organismos oficiales o cuerpos de seguridad del estado o sanitarios se encuentren ante un posible menor extranjero no acompañado (MENA).

En primer lugar, ante las dudas sobre su edad real, se les realizan pruebas oseométricas para poder conocer su edad aproximada y asegurar así si se está ante un menor de edad o no, puesto que si es menor de dieciocho años gozará de la protección que se dispensa en España a los menores extranjeros en situación de desamparo.

Los artículos 6 y 190 del Reglamento Extranjería , indican que un menor extranjero no acompañado (MENA) que pretenda entrar en España, para acreditar su identidad, deberá hallarse provisto de pasaporte expedido por las autoridades competentes del país de origen o procedencia o por las organizaciones internacionales habilitadas para ello por el derecho internacional y deberá contener, en todo caso, datos suficientes para la determinación de la identidad y nacionalidad. Pero, lo cierto, es que la mayoría, llegan a territorio español sin documentación que les identifique.

Cuando los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad localizan a un menor extranjero no acompañado (MENA) cuya minoría de edad quede acreditada sin ninguna duda mediante su documentación y apariencia física, lo pondrán a disposición de los servicios de protección de menores. En ese caso, los datos de identificación del menor se inscribirán en el Registro de Menores Extranjeros No Acompañados

En el caso de que la minoría de edad de un extranjero indocumentado no pueda ser establecida con seguridad, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, como os decía, en cuanto tengan conocimiento de esa circunstancia o localicen al supuesto menor en España, informarán a los servicios autonómicos de protección de menores para que, en su caso, le presten la atención inmediata que precise de acuerdo con lo establecido en la legislación de protección jurídica del menor.

Con carácter inmediato, se pondrá el hecho en conocimiento del Ministerio Fiscal, que dispondrá, en el plazo más breve posible, la determinación de su edad, para lo que deberán colaborar las instituciones sanitarias oportunas que, con carácter prioritario y urgente, realizarán las pruebas necesarias.

Aquellos extranjeros que sean menores pero a los que, erróneamente, se les haya considerado como mayores de edad podrán ser expulsados del país o “devueltos en caliente” –aun ser esto último, contrario a las normas y principios internacionales de los derechos humanos-. Incluso, en esos casos, se les podrá trasladar a un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) para luego ser devueltos a sus países. En tal situación, muchos, por miedo a ser devueltos y no poder ayudar a sus familias o, por desconfianza, con la única compañía de una oscura soledad, escapan a su suerte para intentar sobrevivir entre almas de cultura y habla extraña para quienes se hacen invisibles.

A los que no escapan ni son devueltos, los trasladan a Centros  de Acogida Inmediata, en Catalunya: “Centres d´acolliment per a infants i adolescents”, que son centros residenciales para la atención inmediata y transitoria de los niños y adolescentes de 0 a 18 años que necesiten ser separados de su núcleo familiar mientras se determina su situación o la medida a aplicar. Son centros, pues, de observación y de diagnóstico, de guarda y de educación que actúa en situaciones de urgencia de menores en alto riesgo social.

Cuando los menores llegan a estos centros lo hacen con el expediente estudiado o instruido y con una propuesta de medida protectora por el desamparo de esos menores extranjeros migrantes, hasta que alcancen su mayoría de edad. Aun así, hay que decir que, algunos menores abandonan el centro por su propia voluntad antes de que esta se produzca, puesto que son menores a los que en su soledad y sin un referente familiar directo cerca, les cuesta encajar y adaptarse.

A los MENAS, tal y como establece la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, se les reconoce el derecho a la educación y a la asistencia sanitaria en las mismas condiciones que a los españoles.

Asimismo y, además a los menores inmigrantes tutelados por el sistema de protección de menores, para poder protegerles hasta que cumplen 18 años –que es hasta cuando se mantendrá su situación de desamparo-, se les tramitará el pasaporte en el consulado y, de igual modo,  un permiso de residencia que tendrá validez hasta su mayoría de edad. Al cumplir 18 años, ingresan en un programa de menores extutelados,  y pasan a pisos de mayores donde quedan a cargo de la supervisión de responsables que intentan ayudarles y prestarles el apoyo necesario durante un tiempo prudencial hasta que, solos, consiguen independizarse. En estos casos, su permiso de residencia será prorrogado durante un año más, para que,  puedan conseguir un contrato de trabajo.  Sin oferta de empleo, no tendrán posibilidad de renovación de ese permiso de residencia y el menor, entonces, pasaría a una situación de irregularidad administrativa. El MENA que ahora ya es mayor de edad, pasaría a estar en situación irregular.

Alguno de los menores extranjeros no acompañados (MENAS), puede que, por su falta o carencia de referentes cercanos que les apoyen, caigan en la delincuencia. Pero, no nos engañemos, ni generalicemos, puesto que, en realidad, pocos son los que delinquen, o son detenidos. La mayoría, si me lo permitís, son héroes que luchan contra el fantasma de la soledad, sin una clara identidad, sin el abrazo de sus padres o las caricias de sus madres, desconociendo el sentido de la inocencia que dejaron tras de sí en otros continentes; inocencia que se han visto obligados a enterrar a muy temprana edad para sobrevivir al miedo de un futuro incierto y, que, muchas veces, queda empañado por odios y desprecios de algunos profanos osados que viven en un mal elegido desconocimiento que, aunque ignoran y no saben, les impide ser libres.

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