¿HAY MÁS DIVORCIOS TRAS SAN VALENTÍN?

Dicen que, tiempo atrás, en la antigua Roma, se celebraba la “Lupercalia”, una fiesta pagana dedicada a la fertilidad que, vista con nuestros ojos y en una actualidad donde continuamos luchando por dignificar a las mujeres, estoy segura de que hubiese levantado ampollas.

Siglos más tarde, como no podía ser de otro modo, se prohibió la celebración de esta fiesta y se instauró el 14 de febrero como el día de San Valentín.

Según Wikipedia, tras el poema el parlamento de los pájaros” de Geoffrey Chaucer, en el que se menciona por primera vez al Día de San Valentín, se comienza a considerar este día, 14 de febrero, como un día dedicado al amor.

Dieciocho años más tarde, Carlos IV de Francia creó la “Corte del Amor” y, a través de esta Corte, el primer domingo de cada mes y, durante el Día de San Valentín, se efectuaban una serie de competiciones en las que los participantes competían para conseguir la atención entre las doncellas cortesanas.

En los archivos de la Biblioteca Británica de Londres, se guarda la primera carta de la que se tiene constancia de amor en San Valentín. En el S. XV, durante la Guerra de los 100 años, el Duque de Orleans –que fue apresado durante un cuarto de siglo-, escribió una carta a su amada Bonne de Armagnac, a quien llamaba “mi Valentín”. Y, así, al parecer, empieza la epístola:

Ya estoy cansado del amor, mi muy gentil Valentín. Para mí, naciste muy tarde y yo, para ti, nací demasiado pronto”.

Desgraciadamente, estas líneas presagiaron un amor imposible, donde Bonne de Armagnac falleció antes de que el Duque de Orleans fuese liberado y los amantes pudieran volver a reencontrarse.

Y es que el amor es así. A veces apasionado e increíble, otras caprichoso y, en ocasiones, triste.

Cada historia de amor es distinta, por sus protagonistas, por las circunstancias de ese amor e incluso por los ingredientes con que se cuente en cada una de ellas. Las hay de amor eterno, o de cuento, algunas son cortas, pero intensas, otras son incondicionales. Las hay que navegan entre el amor y la tragedia, algunas son reales y físicas, otras virtuales o espirituales, e, incluso, algunas parecen ciertas pero se empañan tras dudas y burdas mentiras.

Hoy en día, pero, las cosas han cambiado y, todo apunta a que San Valentín ha vendido su espíritu hacia ese “merchandising” que hace crecer las ventas de flores y bombones pero que rompe con la magia que envuelve todo sentimiento.

Y, aunque cualquier día del año debería ser bueno para sentir y para medir el amor, parece que son muchas las personas que, tras el 14 de febrero deciden hacer balance de su relación y, ahí, “un año más”, como diría Mecano, “hacemos el balance de lo bueno y malo”.

A veces, algunos, en ese momento de “la cuenta atrás” deciden dar un paso al frente y platearse si tras el dulce postre de una edulcorada cena obligada por una tradición o una simple fecha, hay que seguir untándole al consiguiente desayuno “praliné” a unas tostadas ya quemadas o, por el contrario, cerrar definitivamente esa caja de repetidos bombones y atreverse a buscar lo que realmente les haga felices, solos, o en compañía.

Estudios estadounidenses, dicen que el 15 de febrero se asemeja cada vez más al mes de septiembre, tras unas vacaciones compartidas en pareja. Y es que ambas son fechas de mucho trabajo para los abogados de familia. Cada vez hay más divorcios tras San Valentín.

Son muchas las personas que, tras tiempo compartido o después de una cena romántica o una fecha olvidada, deciden dar un paso al frente y dejar tras de sí una vida en pareja o matrimonio infeliz.

Según los datos recogidos por el servicio de Estadística del Consejo General del Poder Judicial, entre el 1 de enero y el 31 de marzo de 2021 se presentaron 15.048 demandas de divorcio consensuado; 9.290 demandas de divorcio no consensuado; 723 de separación consensuada y 304 de separación no consensuada. En todo el trimestre se presentaron 22 demandas de nulidad, una menos que hace un año”.

Claramente, aunque busquemos hacer las cosas de manera consensuada y por la vía del mutuo acuerdo, resulta evidente que, tras compartir tiempo, por vacaciones de verano, tras las Navidades o, después de celebrar o no San Valentín, los divorcios crecen.

Todo indica, pues, que si la flecha de aquél querubín llamado Cupido no es certera o, si aun siendo certera, se ha dejado morir o caducó la esencia de su flecha, habrá nuevos divorcios tras San Valentín.

Pero, ¿cuáles son los motivos por los que hay más divorcios tras San Valentín?

Hay que tener en cuenta que, San Valentín llega tras “la cuesta de enero”. Y, quizás esa sea “la gota que colma el vaso”. No tener dinero para poder salir, o para poder ir con tu pareja a un restaurante, o para comprarte un capricho o desfogarte en el gimnasio, hacen que tengas que pasar más tiempo en casa. Y, el frío invierno a la luz de las velas bajo una manta y sin dinero, desunen más que unen a quienes ya tienen problemas.

Muchas veces, San Valentín ayuda a abrir los ojos: “no hay mal que por bien no venga”. Maridos y esposas se esmeran en preparar románticas cenas para celebrar su amor pero, cuando se dan cuenta de que tras la excusa de un trabajo que se alarga o de un viaje inesperado se esfuma toda confianza y llega la decepción, irremediablemente, San Valentín empuja y ayuda a desenmascarar ese falso o falto amor.

Son muchos los motivos que pueden llevar a una pareja a plantearse un divorcio o una separación. Pero, según la AEAFA (Asociación Española de Abogados de Familia), podríamos reducir a doce las causas o motivos principales de divorcio, teniendo en cuenta que hay parejas que pueden presentar más de una causa o motivo en la toma de su decisión de fin o de ruptura de su relación.

Así pues, podríamos hablar del desgaste o de la falta de comunicación y el alejamiento como una de esos doce motivos que nos pueden llevar a la quiebra de nuestro matrimonio. Cuando cada uno de los miembros de la pareja tiene su trabajo, un reparto desequilibrado en la toma de decisiones o de implicación en la crianza de los hijos, o falta de tiempo para dedicar a su vida familiar se suele generar un cierto desgaste que, a veces, resulta insalvable.

Las infidelidades, o el desenamoramiento –que a veces viene acompañado del inicio de una relación con una tercera persona-, son otro de los motivos o causas comunes de divorcio. Ya hablamos en uno de nuestros posts anteriores, de lo fácil que resulta hoy en día conocer gente incluso, sin la necesidad de salir de casa.

Otra causa que hace que muchos matrimonios se trunquen son las dificultades económicas, como ya hemos avanzado. La falta de ingresos lleva, muchas veces, a continuas desavenencias entre las partes y a discusiones que incluso pueden desatar periodos violentos que hacen insostenible, como resulta evidente, la convivencia.

La excesiva presencia de las familias políticas o tener estilos de vida o valores completamente distintos, ayudan a que puedan existir discrepancias en la crianza y en la educación de los hijos que hacen insalvable también cualquier relación de pareja o matrimonio.

La vida en pareja no es sencilla. El destino nos va poniendo ante diferentes situaciones familiares, personales, de salud, o laborales que vamos a tener que ir salvando y, si esas emociones distintas que vayamos sintiendo no son compartidas, reconocidas o apoyadas por nuestras parejas, es fácil que cada uno de los miembros evolucione de forma distinta y finalmente, acabemos por ver como un extraño a quien un día elegimos como compañero o compañera de vida.

Muchas veces, nos damos cuenta de lo distantes que estamos de nuestras parejas tras una fecha señalada. El calendario, en ocasiones obliga a tener que parar y pensar en qué podría hacerle feliz al otro o, nos ilusionamos al pensar cómo sorprender a quien queremos. Pero, del mismo modo, a veces, esa fecha puntual puede hacernos ver qué no se nos ocurre o no nos apetece regalar o qué nos regalen, e incluso podemos vernos heridos en nuestros sentimientos tras no recibir la respuesta esperada ante una sorpresa entusiasta.

Si te encuentras en cualquiera de estas situaciones y piensas en divorcio tras San Valentín o, ante cualquier otra situación o fecha que te pueda hacer sentir infeliz, hazte un favor: piensa en ti.

Da lo mismo si es verano, si hace un frío helador en el duro invierno de tu corazón o si ahí fuera es o no San Valentín, porque cuando algo no te suma, nunca deberías conformarte. Estamos aquí para sentir, para vibrar y, por supuesto para vivir. Y, ¿quién dijo que no estuviese permitido equivocarse? Hay que equivocarse para conocer nuestra verdad y quiénes somos. Y es que ya lo decía Freddie Mercury que “divertido como el amor es el final de las mentiras, cuando comienza la verdad”.

 

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