“Mi último deseo: ¿bailamos?”

Muchos son los que temen a la muerte. Yo, como Emily Dickinson, prefiero pensar que “morir es una noche salvaje y un nuevo camino”.

Soy de esas personas a las que la vida, de manera precipitada, se ha encargado de mostrar que igual que todo tiene un principio, tiene un final. Qué todo lo que viene, va y, que tras la vida existe siempre la muerte. Pero, me niego a pensar que tras la muerte todo acaba. Me niego a pensar que la muerte sea el final.

Prefiero considerar que, tras ella, “un nuevo camino se abre”. Puede ser cierto o no, cada uno es libre de creer lo que quiera, pero yo, personalmente, prefiero vivir en un mundo de expectativas que de decepción. Prefiero pensar que, cuando se acabe el baile, tras la última canción, la muerte me vendrá a buscar y, me envolverá como un gran amor y, me llevará lejos, de viaje. A un mundo desconocido, donde me reencontraré con algunos de los míos, con los de siempre y, juntos, exploraremos nuevos horizontes, y aprenderemos de nuevo a vivir. De otra manera, sin apegos, lejos de lo material, pero, en una vida que continúa.

Y, eso mismo debieron pensar Lesia y Valerii, una pareja ucraniana que Twitter acercó al mundo hace unos días cuando nos mostraba su boda, mientras, vestidos con sus uniformes militares se daban el “sí quiero” en plena línea de defensa y rodeados de sus compañeros, en la ciudad de Kiev.

Veintidós años juntos y una hija de dieciocho. Toda una vida. Quizás, si no se hubiesen visto inmersos en una guerra, nunca hubiesen pensado en contraer matrimonio. Y, es probable que su amor, con o sin una firma, fuese eterno. Pero, a veces, la vida da un vuelco y, donde era blanco ahora se torna en negro. La vida, a veces, te pone en situaciones límite, como la de una enfermedad, o como la de una guerra y, es entonces, cuando, al ver el peligro de una posible muerte, dejas de pensar en ti, para pensar en todos esos seres queridos que se quedan y, decides formalizar tu situación, para, quizás, protegerles y así velar por sus intereses y necesidades.

Seguro que, entre bombas y morteros, Lesia pensó en Valerii y en su hija y, Valerii pensó en su hija y, por supuesto, en Lesia. La proximidad de la muerte les hace pensar en cómo quedarían ellos, sus seres más queridos tras su falta. Están en peligro y, de repente, todo se hace urgente.

No hay tiempo para flores ni arroz, ni para invitaciones, no hay tiempo para “caterings”, tartas, ni para velos ni esmóquines. La urgencia flexibiliza todo trámite y formalismo.

Hablamos del matrimonio en peligro de muerte. Del matrimonio que a alguien se le hace necesario antes de que ocurra una desgracia o contratiempo. Y, es que, a veces, sin quererlo, los minutos corren y los colores se confunden hasta que el rojo, el amarillo y el azul acechan hasta hacerse negro. La vida de alguien corre hacia el final, sin pausa. Y, por eso, ante cualquier amenaza contra la vida, la ley se relaja, se hace, si me lo permitís, puede que, más humana y, entonces, solo entonces, se puede celebrar el acto del matrimonio modificando a los funcionarios que podrán autorizarlo y haciendo que, además, no sea necesaria la formación del expediente matrimonial que, en cualquier otra ocasión, sí será necesario tramitar.

La regulación del matrimonio en peligro de muerte busca facilitar la celebración del mismo cuando concurran circunstancias en las que se prevé que la muerte sobrevenida de alguno de los contrayentes pueda frustrar tal posibilidad.

Al fallecer una personas se dan diferentes consecuencias que pueden variar en función de si ésta está casada o soltera. Por ejemplo, sobre todo en cuanto a los derechos hereditarios o en cuanto una posible pensión de viudedad que, ayudaría al cónyuge que sobreviva a poder mantener una situación económica.

En principio, se puede acceder a la pensión de viudedad por el mero hecho de estar casados, sin que se valore ninguna otra cuestión, salvo si el contrayente ha fallecido por enfermedad común existente antes del matrimonio. En tales casos, el cónyuge supérstite solo podrá acceder al derecho a la pensión de viudedad si existen hijos comunes o cuando se acredite un período de convivencia, extramatrimonial y matrimonial, de dos años.

Según la Ley –artículo 52 del Código Civil-, podrá autorizar el matrimonio en peligro de muerte, el Juez de Paz, Alcalde o Concejal en quien delegue, el Secretario judicial, o el Notario o funcionario a que se refiere el artículo 51. De igual modo, también podrán celebrarlo, el Oficial o Jefe superior inmediato respecto de los militares en campaña, y el Capitán o Comandante respecto de los matrimonios que se celebren a bordo de nave o aeronave.

El matrimonio en peligro de muerte, no requerirá para su celebración la previa tramitación del acta o expediente matrimonial, pero sí que requerirá de la presencia, en su celebración, de dos testigos mayores de edad.

Pero, ¿qué pasa si te encuentras en peligro de muerte con tu persona especial pero sin que os rodee más gente?

Cuando eso suceda, o cuando, aún haber gente cerca, sean menores, se permiten excepciones. Ese matrimonio en peligro de muerte será válido siempre y cuando se pueda acreditar la imposibilidad de contar en el acto con la presencia de testigos. Pero hay que poder acreditarlo y, a veces, por la situación, se hace dificil.

Por otro lado, cuando el peligro de muerte derive de enfermedad o estado físico de alguno de los contrayentes, otra de las formalidades necesarias para el matrimonio en peligro de muerte, es que los ocntrayentes deberñan aportar dictamen médico sobre su capacidad para la prestación del consentimiento y sobre la gravedad de la situación, salvo, eso sí, que se acredite la imposibilidad de obtener el mismo, sin perjuicio, claro está, de lo establecido en el artículo 65.

Aunque ciertas formalidades, como vemos, se flexibilicen eso no significa que se permita celebrar matrimonio en peligro de muerte sin que se den los requisitos esenciales necesarios de acuerdo a los artículos 46 y 47 del CC. Y es que, el autorizante deberá en todo caso, comprobar, en la medida de sus posibilidades, la capacidad del contrayente en peligro de muerte para que pueda prestar consentimiento válido del matrimonio en el momento de contraerlo. Ha de comprobar que todo es correcto, y que, si el contrayente, por ejemplo, tiene sus capacidades mermadas entiende lo que va a hacer y deberá, además, cerciorarse de que esa persona quiere, realmente, contraer matrimonio. Lo mismo, volverá a comprobarse, posteriormente, en el momento de la inscripción donde se analizará la concurrencia de todos los requisitos legales necesarios de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 65 del Código Civil. Efectuadas las comprobaciones necesarias, el encargado del registro civil correspondiente procederá a su inscripción.

El matrimonio en peligro de muerte requiere que se dé de forma expresa el consentimiento por parte de ambos cónyuges. Por lo tanto, si uno de ellos está enfermo y no tiene capacidad natural para expresar de forma clara e inteligible su voluntad, dicho matrimonio no será nunca considerado como válido.

La validez de este tipo de matrimonio, hay que aclarar, que no requiere que, con posterioridad a su celebración, se produzca el resultado de muerte que amenazaba a los contrayentes. El matrimonio en peligro de muerte es algo excepcional, pues, y será válido desde su celebración, independientemente de si se da el resultado del fallecimiento de alguno de ellos o no. Lo único necesario es que exista o se dé una alta probabilidad de muerte o una amenaza grave contra la vida. Ello sería lo que justificaría la urgencia de su tramitación.

A Lesia y a Valerii, mantenerse en primera línea de combate de una cruel guerra que en cualquier momento puede separarles para siempre, está claro que es motivo suficiente para poder contraer matrimonio en peligro de muerte.

Solo deseo que el resultado para ambos sea el de una larga vida en paz y juntos. Pero, si mi deseo no se cumple, estoy segura de que gracias a ese matrimonio que, aun precipitado solo regala amor, cuando uno de ellos cierre ante el otro sus ojos y sus posesiones en este mundo pasen, entonces, a manos del otro, como decía Henry Van Dyke, pensarás en que “lo que tú eres, será tuyo para siempre”, porque lo único realmente nuestro, en vida o muertos, son nuestros recuerdos de lo vivido y en quien nos convertimos.

Si alguna vez me encuentro en peligro de muerte, solo espero tener cerca un amor que me sostenga la mano y me envuelva. Y, así, mientras suene nuestra última canción, nos casemos o no, él me abrace fuerte, me sonría y haga que se cumpla mi último deseo: ¿bailamos?

 

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad