¿Igualdad entre mujeres y hombres?

Dice el refranero español que son tres las cosas que echan al hombre de casa: “el humo, la gotera y la mujer vocinglera”. Y, con frases hechas como esta, no es extraño que las mujeres, ya seamos escandalosas o discretas, nos echemos a las calles para gritar a los cuatro vientos por esa igualdad entre mujeres y hombres que, a veces aparenta y, otras veces, aunque se roza, vemos que nunca llega.

Hace un año, en nuestro artículo “Igualdad entre togas. Por nuestros tacones”, hablábamos sobre el papel de la mujer en la profesión del derecho y exponíamos que “el éxito del ejercicio de una profesión como la nuestra no es cuestión de sexo, sino de nuestra especialización, capacitación técnica y habilidades personales y sociales”. Y, pienso que ello es extrapolable a cualquier situación, profesión, trabajo, o circunstancia de la vida: las mujeres y los hombres no nos medimos por nuestro sexo, sino por nuestras capacidades humanas, personales, por nuestro intelecto, sabiduría o experiencias.

Durante toda mi vida escucho como la sociedad separa a todo ciudadano en bandos, el machista y el bando feminista. Los machistas adoptan una actitud o manera de pensar que la RAE tilda de superioridad del hombre a la mujer, mientras que el feminismo es el movimiento o doctrina que “pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y de unos derechos que, tradicionalmente, han estado reservados para los hombres”. Aunque para mí, ambos sean dos términos muy distintos, pienso que, en estos últimos tiempos, por lo menos, en este último año, los medios de comunicación se han propuesto confundirnos a todos, si me lo permitís, entre “ismos” y entre “las, los y les y mil y un análisis sobre los sistemas de sexo y sobre géneros”.

Y, quizás ahora me exponga si realmente digo lo que pienso, pero es que, nuestra lucha, la lucha diaria de las mujeres no debería ir nunca a intentar demostrarnos iguales que los hombres. Porque, hombres y mujeres somos diferentes, genética, física y emocionalmente hablando. Intentar compararnos sexual o emocionalmente entre unos y otros, humildemente, pienso que es una pérdida de tiempo o una batalla que no lleva a ninguna parte. Y, tampoco pienso que, cambiando el género a nuestra lengua, consigamos cambiar el pensamiento o la mente de quienes han sido educados con ideas trasnochadas.

Que existimos mujeres, hombres, personas transgénero, etc., es así, es un hecho. Que cada uno de nosotros es y siente diferente con independencia de nuestro sexo, también lo es, pero, no creo que nuestra lucha por la igualdad dependa del género del artículo que nos señale o de la etiqueta con que la sociedad nos quiera catalogar. Nuestra lucha ha de partir de la raíz: de la educación que todos recibimos y que, sin duda, es la única que nos hace diferentes en respetos, obligaciones y derechos.

Creo firmemente en que hombres y mujeres o mujeres y hombres, o personas transgénero debemos, sin duda alguna, luchar por lo que verdaderamente importa que es en ser iguales en derechos, obligaciones y ante las oportunidades que la vida nos ofrezca a todos en cualquier momento y ámbito.

Y, es aquí, donde a la igualdad entre mujeres y hombres aún le queda, por desgracia, algunos tramos del camino por recorrer.

¿Cuántas son las mujeres que ocupan puestos de toma de decisiones en empresas, por ejemplo, como las tecnológicas? Cada vez somos menos las mujeres que escogen carreras de tecnología o de matemáticas, según relatan algunas encuestas. Es triste que al no darse la igualdad entre hombres y mujeres, en cuanto a derechos, como mismos puestos, mismo sueldo, mismo respeto, en según qué ámbitos, al final, acabemos tirando la toalla y decidiéndonos por otras áreas donde las mujeres, quizás, tengamos nuestros derechos más reconocidos.

Las mujeres debemos continuar gritando nuestros derechos, aunque para algunos resultemos vocingleras, porque, a día de hoy, parece que todavía hay personas, del género que sean, que no se han dado cuenta de que las mujeres somos la mitad de la población mundial y que, tenemos los mismos derechos que tienen los hombres. Ellos no han de luchar por ellos, porque la “mala educación” repetida tras los siglos, los han “pintado” superiores y, alguno de ellos, sin contrastar, se lo ha creído.

Pero, ojo: las mujeres tenemos derecho a la vida y derecho a no sufrir discriminación ni violencia por el simple hecho de ser mujeres. Tenemos derecho a no ser maltratadas ni asesinadas por nuestras parejas ni exparejas. Pero desgraciadamente, cada día nos matan y asesinan porque alguno no entiende que también tenemos derecho a la libertad, a vestirnos como queramos, a decidir sobre nuestro cuerpo, sobre nuestra sexualidad, a hablar alto, a vivir sin miedo y a reclamar a gritos nuestros derechos.

El artículo 1 de la Declaración universal de los derechos humanos dice que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

La igualdad entre mujeres y hombres es uno de los objetivos de la Unión Europea. El Parlamento Europeo defiende el principio de igualdad entre mujeres y hombre y, así lo demuestran la legislación, jurisprudencia y todas las modificaciones que en aras a consolidar este principio, se han dado en todos los Tratados habidos.

Durante la pandemia por el COVID-19 en todo el mundo parece haber aumentado la violencia contra las mujeres por motivo de género. Muchas mujeres se han visto obligadas a tener que permanecer confinadas, durante meses, con su verdugo agresor. Las denuncias por violencia doméstica aumentaron considerablemente. La Unión Europea, durante todo este tiempo ha seguido tomando medidas en el ámbito de la igualdad entre hombres y mujeres.

El 5 de marzo de 2020, la Comisión adoptó su Estrategia para la Igualdad de Género 2020-2025, con la que pretende que las mujeres y hombres, niñas y niños, en toda su diversidad, estén libres de violencia y estereotipos y tengan la oportunidad de prosperar.

Existe una propuesta de Directiva para mirar de reforzar la igualdad entre mujeres y hombres en cuanto al mercado laboral de las mujeres y a la retribución salarial, para que tengan un salario mínimo adecuado.

En España, con el Real Decreto 902/2020, de 13 de octubre, de igualdad retributiva entre mujeres y hombres, se pretende establecer medidas específicas para hacer efectivo el derecho a la igualdad de trato y a la no discriminación entre hombres y mujeres en materia retributiva.

A través del principio de transparencia se pretende que no existan discriminaciones entre hombres y mujeres que ocupen el mismo puesto y desempeñen el mismo trabajo. Todas las empresas tienen que tener un registro retributivo de toda su plantilla conforme a lo previsto en el artículo 28.2 del ET, incluido el personal directivo y los altos cargos.

En el registro salarial de cada empresa deben establecerse, convenientemente desglosadas por sexo, la media aritmética y la mediana de lo realmente percibido por los conceptos salariales y extrasalariales en cada grupo profesional, categoría profesional, nivel, puesto o cualquier otro sistema de clasificación aplicable.

Pero, volviendo a esa otra de las luchas por la igualdad entre mujeres y hombres, que es sin duda la que tiene que ver con la violencia de género, hay que advertit que, en la actualidad, la Comisión también está trabajando en una nueva iniciativa legislativa para luchar contra la violencia de género.

En España, el Ministerio de Igualdad se ha visto en la necesidad de crear una Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género (DGVG), que difunde campañas de concienciación social para fomentar los buenos tratos en las relaciones promoviendo un cambio de patrones sociales y culturales y la eliminación de prejuicios, mitos y estereotipos de género.

Y es que, queda aún mucho camino por recorrer. Mientras a hombres y a mujeres se nos haga diferentes en cuanto a derechos se refiere, mientras haya gente que no entienda que la igualdad entre hombres y mujeres no es cuestionable y que la capacidad de las personas no viene dada por su órgano genital no nos queda otro remedio que el de gritar y bien alto por la igualdad entre mujeres y hombres. Aunque parezcamos o se nos tache de vocingleras.

Como Golda Meir, primera ministra en Israel dijo, “no puedo decir si las mujeres son mejores que los hombres, pero sí puedo decir que, sin duda, no son peores”.

 

 

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