El AMOR es una de las palabras que en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española tienen más acepciones, puesto que el amor es un sentimiento que en ocasiones inspira, en otras ilusiona o apasiona e incluso, hay veces que, lleva a hacer sufrir.

Y, es que, ya lo decía el gran Mahatma Gandhi: “donde hay amor hay vida” y, está claro que todos y cada uno de nosotros, lo que queremos es poder vivir y, si lo podemos hacer rodeados de amor, mucho mejor.

Las relaciones de pareja han cambiado mucho durante los últimos años e incluso continúan transformándose de una forma rápida en la actualidad. Hoy, nuevos tipos de pareja conviven con la pareja estándar o tradicional de toda la vida.

Pero, sea como sea, lo que está claro es que todos buscamos al compañero o compañera que nos sume y que nos repete desde la libertad que cada uno de nosotros le queramos dar. Y, es que pienso que, el único límite que siempre tendrá el amor es uno y es el de la dignidad y respeto hacia nosotros mismos.

A veces, se hace necesario recordar nuestro valor, lo que valemos y dejar ir nuestros sentimientos si es que nuestro amor no nos es correspondido o no se valoran o respetan nuestros sentimientos de una forma sana y plena. Es decir, si sabes que para el corazón de tu amado no eres más que un verano y, no las cuatro estaciones del año -como diría la gran dramaturga y poetisa Edna St. Vincent Millary-  y, eso te resulta suficiente, porque es lo que tú también sientes y quieres, perfecto. Sigue adelante con ese amor. Pero, si eso no es lo que necesitas ni quieres, suelta y deja ir.

Decidir separarte o divorciarte de alguien con el que llevas unido sentimentalmente años nunca es tarea fácil. Pero, sin duda, cuando el amor termina, acabará convirtiéndose en la mejor de las decisiones. Alargar lo que no funciona, solo produce una agonía que en nada ayuda o favorece en las relaciones.

Curiosamente, parece que los períodos vacacionales son los que acaban ayudando a muchas parejas a tomar una decisión sobre la vida y continuidad de sus relaciones. Pero, ¿por qué? ¿por qué las parejas, estadísticamente, deciden romper sus relaciones tras los períodos vacacionales y, sobre todo, tras compartir las vacaciones estivales?

COMPARTIR TIEMPO AUMENTA LAS POSIBILIDADES DE DIVORCIO ¿ES CIERTO QUE TRAS EL VERANO HAY MÁS DIVORCIOS?

Hay estudios que indican que, si la pareja está bien, los períodos vacacionales les unirán más y mejor, pero, si la pareja no lo está, estos períodos de mayor tiempo compartido, únicamente servirán para acelerar el desamor y la desunión en la pareja.

Pero, parece, cuanto menos curioso que, la espada de Damocles de toda relación de pareja sea precisamente, la de disfrutar de mayor tiempo compartido. Cuesta pensar que compartir tiempo en pareja pueda llevarte a acabar con ella y, así, el verano puede convertirse en el verdadero problema para aquellas parejas que, o bien durante el año apenas comparten tiempo o, para aquellas, que, no estén en su mejor momento.

Las vacaciones implican tiempo de convivencia. Un tiempo compartido diferente al del resto del año puesto que vamos a poder disfrutar durante 24 horas diarias con nuestra familia pero sin tener vías de evasión o de desconexión como pueden ser las del trabajo, la de los amigos o la del deporte.

Durante las vacaciones de verano, abandonamos nuestra esfera privada para poder destinar todo nuestro tiempo libre a nuestra pareja y familia. Y, seguro que al principio, en los primeros días, a todos nos resulta placentero y agradable, incluso, pero, después de esos primeros días, puede ser que ese exceso del tiempo de convivencia habitual haga surgir situaciones de conflicto que, durante la vida rutinaria del resto del año puede que la pareja consiguiese disimular o minimizar mirando hacia otro lado.

En una convivencia vacacional aparece la necesidad de comunicarse. Y, además, surgirán también otras necesidades que serán tanto o más importantes, como la necesidad de apego, la necesidad de aceptación, de apoyo o de compromiso, de autonomía, o sentir, incluso, que somos buenos en lo que hacemos y que el otro nos lo reconozca, es decir, necesidad de competencia.

Aumentar nuestro tiempo compartido con nuestra pareja en un entorno vacacional, si la base de la relación no es sólida o no pasa por un buen momento, puede hacer aumentar las discusiones. Así pues, compartir tiempo aumenta las posibilidades de divorcio.

Ser criticados y rechazados por nuestra pareja no satisfará nuestra necesidad de aceptación y, puede generar enfado, ira o indignación en el otro que no facilitará una buena comunicación y, hará escalar el conflicto.  Y, es que, para discutir, has de haberte podido relacionar, y convivir lo suficiente como para poder saber y conocer tus necesidades y las de tu pareja. La convivencia y el diálogo harán crecer una relación, si funciona, y también pueden acabar por darle fin.

Agosto dicen que marca no solo el final del verano, sino también el final de muchos matrimonios. Y, tiene sentido, puesto que agosto, en España, suele ser el mes vacacional por excelencia donde se nos concede tiempo libre y de descanso laboral que utilizamos para relajarnos y para intentar hacer lo que nos gusta sin limitaciones o, donde podemos pensar en nosotros, en lo que queremos o no en nuestra vida. Por tanto, tiene sentido que tras las vacaciones, tras ese tiempo compartido donde se tienen momentos para pensar y reflexionar en uno mismo,  muchos decidan cambiar el rumbo de sus vidas.

Es cierto, pero, que durante estos años de pandemia que estamos sufriendo a nivel mundial, se ha dado, por lo menos, en España, una reducción de los procedimientos de divorcio, sobre todo de los divorcios contenciosos. Pero, dadas las circunstancias de excepcionalidad vividas, hacen imposible extraer una conclusión exacta al respecto de las circunstancias que acompañan a las situaciones de ruptura y a los datos estadísticos sobre los divorcios en estos dos últimos años.

Muchas parejas, por su situación laboral actual ocasionada por la crisis que se deriva de la pandemia se ven obligadas a postergar un divorcio anunciado y a continuar conviviendo con una pareja con la que se encuentran en plena situación de crisis.

Este año, desconocemos como apuntará la estadística pero, me aventuro a presuponer que no variará demasiado de los datos de años anteriores. Compartir tiempo fuera de toda rutina lleva a poner a las parejas en la tesitura de tener que medir si tienen o no sus necesidades cubiertas y, eso, genera conflictos que, en muchas ocasiones, pueden hacer crecer a la pareja pero, que en otras tantas, les hará darse cuenta de que su amor, como el verano, llegó a su fin. Y, es que, compartir tiempo, aumenta las posibilidades de divorcio o de ruptura. Compartir, a veces, separa.

Expertos dicen que mejorar las comunicaciones, reforzar la confianza, poner en común objetivos vitales, innovar, equilibrar tiempo en pareja con tiempo para dedicar a uno mismo, a nuestras aficiones, amistades, ser empáticos con el otro, mirar de negociar haciendo que ambos salgáis ganando y, planificar juntos priorizando a la familia, pero sin dejar atrás el vínculo de la pareja es fundamental para evitar tener que llegar a una separación o divorcio.

En una pareja nunca se pueden perder de vista ni tus necesidades, ni las de tu pareja. Ceder cuando las necesidades de la pareja chocan con nuestras convicciones es complicado porque habrán decisiones que impliquen tener que renunciar a cosas que para nosotros son importantes y, ante ello, es preferible mirar de ser honestos con nosotros mismos y plantear una ruptura.

No es fácil tomar la decisión de romper y, mucho menos, cuando esa decisión va a incidir en la vida de tus hijos y del resto de miembros de la familia. A veces, cuesta encontrar el momento para dar la noticia. Si tienes hijos mirarás por afectarles lo menos posible en sus rutinas. Algunas familias decidirán esperar a finalizar entonces el curso escolar. Otros, quizás decidan esperar al final de las vacaciones para poder hablar con los hijos con tranquilidad y mirar de ofrecerles unas últimas vacaciones en familia. Pero, lo único cierto es que no existe una fórmula o un mejor momento para plantear una ruptura. Cada pareja y familia es un mundo y lo mejor es intentar hacer las cosas desde la cordialidad y desde el respeto.

Llega agosto, tiempo de vacaciones, tiempo para nosotros mismos, para pensar, para disfrutar o para compartir con amigos y familia.

Si bien es cierto que compartir tiempo, aumenta las posibilidades de divorcio, como hemos visto,  si existe una buena base en la pareja, si hay respeto y una buena comunicación entre ellos no habrán barreras. No convivirán entonces, durante ese verano, dos desconocidos, dos extraños, sino dos personas que se conocen y que dialogan y se respetan. Dicen que los besos son una forma de dialogar, así que, comparte tiempo de calidad con tu pareja y, ¡conversa!

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