De niña, dejaba volar mi imaginación como todavía y, de vez en cuando hoy, me permito hacer. Soñaba a lo grande y a todo color, sin límites ni horizontes. En cada sueño era una nueva yo. Pero, lo curioso, era que entre tímidas e inciertas ilusiones, siempre aparecía una que se repetía y no era otra que la del ejercicio de mi profesión.

Y, dicen que cuando los sueños se persiguen, se consiguen y, así y sin darme cuenta, llevo ya unos años dedicándome al derecho de familia entre otras especialidades. Años que se traducen en conocer un proceso judicial complejo, no por su práctica procesal, sino porque, en todo caso, lleva siempre aparejado un alto porcentaje de lucha encarnizada que agita un cocktail de sentimientos que dificulta, muchas veces, el diálogo; un diálogo que, en ocasiones, incluso se aleja de toda lógica.

Los abogados de familia, los jueces, fiscales, los procuradores, técnicos, psicólogos, coordinadores parentales y muchos otros profesionales, luchamos cada día, con mejor o peor fortuna para que los hijos menores de esos procedimientos judiciales sufran lo menos posible. De hecho, el interés superior de los niños es lo que debe y ha de primar en cualquier procedimiento judicial de divorcio, separación y de guarda y custodia.

A diario asesoramos a clientes, escuchamos conflictos familiares y, entre escritos, informes y valoraciones de expertos, tratamos diversas situaciones entre las cuales, en ocasiones, se tocan aspectos como el de la “alienación parental” , abusos o el maltrato en el ámbito familiar. Pero, en los juzgados, con mayor o menor acierto, se deben probar todos y cada uno de los hechos que son objeto de litigio. Es más, generalmente, quien afirma que un hecho que no haya sido admitido por la otra parte es cierto, tendrá la carga de la prueba, es decir: deberá probar que lo que dice es cierto.

Llevo unos días observando con total indignación como algunos medios de información y de entretenimiento hacen juicios populares y paralelos al judicial. Juicios de valor que sentencian teniendo tan solo en cuenta una versión que, cierta o incierta, ni está contrastada, ni ha sido probada. Constantemente, se excusan diciendo que ellos no son quiénes sentencian, sino que tan solo están dando su opinión, pero, es incierto. Al permitirse opinar teniendo en cuenta sobre un determinado hecho, solo una versión, prejuzgan y, al prejuzgar y hacerlo en un medio de difusión público y sin garantía alguna, se vulneran derechos.

Dice la RAE que opinión es el “juicio o valoración que se forma una persona respecto de algo o de alguien”, o la “fama o concepto en que se tiene a alguien o algo”. Y, es que, mucho me temo, que con según qué opiniones y, formas de opinar, se hacen juicios que, por ser públicos o por realizarse en medios de difusión pública, adquieren dimensiones tales, por el alcance que llega a tener esa opinión que, se convierte en un arma que, como un puñal, atraviesa nuestro estado de derecho una vez más, rasgando el derecho a ser considerado inocente hasta que no se demuestre lo contrario.

Y, es que, no todo vale. Demoler el derecho a la presunción de inocencia de este modo lo único que hace es avivar la destrucción de cualquier otro de los derechos fundamentales con los que contamos en un estado de derecho como es el nuestro.

Porque, en nuestro país, quizás no se tenga claro, pero quien acusa de algo a alguien, es quien tiene que probar en un proceso judicial y con todas las garantías, ante un tribunal, los hechos que se le imputen. No se puede tergiversar ni manipular la realidad. Pero esa realidad, de la cual siempre habrá dos o más versiones, será única y tan solo podrá ser probada con todas las garantías ante un Tribunal que será quien la determinará en todo caso y en última instancia.

En todo juicio siempre hay dos partes y por ende, dos versiones. Y, lo mismo sucede ante una separación o divorcio. Cada uno de los progenitores vive la situación de ruptura desde una posición distinta. Cada uno de ellos, tendrá su modo de ver las cosas, cada uno nadará en su verdad.

Lo ideal en una separación o divorcio es intentar mantener una posición de conciliación, sobre todo si hay hijos en común. Es importante saber DIVORCIARTE PROTEGIENDO A TUS HIJOS.

Todos sabemos qué sucede cuando en una situación de ruptura la rabia hacia el otro y el odio empañan toda relación de cordialidad. De hecho, para muestra un botón y, lo que estos días está sucediendo en televisión, entre “Rocío Carrasco y Antonio David Flores”, denota que esa falta de intención por mantener una cordialidad o una actitud conciliadora con el otro progenitor, solo lleva a que esa rabia y ese dolor entre adultos se desplace a unos hijos que se convierten en munición de armas de doble filo que manejan unos padres heridos y a los que la sinrazón les impide disfrutar de todo vínculo familiar estable, tranquilo y sano.

Y, sin entrar en valoraciones que tan solo competen a los jueces y magistrados de nuestro país tras la celebración de un juicio justo y donde se respeten todas las garantías procesales, lo único cierto en este mediático caso es que ambos progenitores lo han hecho tan mal que, a día de hoy, se han perdido un tiempo precioso de relación, vivencias y convivencia con sus hijos.

Judicializar las rupturas no es la mejor de las soluciones. Pero, cuando quienes se divorcian son personajes o personalidades públicas, llevar esas rupturas, además, a un entorno televisivo y, el papel couché, es decir, mediatizar esas rupturas, todavía ayuda menos:

Rocío Carrasco y Antonio David Flores, llevan más de 20 años lidiando en los juzgados y al mismo tiempo llevando una batalla encarnizada el uno contra el otro ante los focos. El dinero de las exclusivas, los celos, el odio y los dimes y diretes de terceros no hicieron más que hacer pagar a unos hijos el peaje de la falta de cordura de sus padres. En ningún caso en este divorcio, esos padres, han sabido proteger a sus hijos.

Y, es que en este asunto, la única verdad es que ambos progenitores hicieron las cosas de la peor manera. Padre y madre tan solo nadaron en un mar de insultos, menosprecio y falta de entendimiento hacia la figura del otro cónyuge, haciendo que sus hijos, por el uno y por la otra, dejasen de tener un vínculo familiar de estabilidad y normalidad.

Sorprende ver como llevan más de veinte años de guerra mediática y de procesos judiciales pero, en caso alguno hayan interpuesto los debidos procedimientos judiciales de modificación de medidas para poder ver a sus hijos, o una ejecución de sentencia, para hacer cumplir el régimen de visitas, comunicaciones y estancias que exista en la sentencia que les rija. Parece que a día de hoy, tan solo continúan preocupados y ocupados en hacer daño al otro: en obtener el reconocimiento mediático de “su verdad”, de quien fue el culpable de la ruptura, en lugar de mirar de avanzar en buscar la felicidad de quienes verdaderamente importan: sus hijos.

Pero, quizás tampoco sean buen ejemplo de cómo DIVORCIARTE PROTEGIENDO A TUS HIJOS, Josep Maria Mainat y Angela Dobrowolski, quienes llevan un año protagonizando un sonado y escandaloso divorcio cuya cobertura mediática ha ocupado muchos minutos de escaleta en todas las televisiones del país. Y, mientras ambos progenitores se tiran los trastos a la cabeza, sus hijos, menores de edad, seguro que viven la experiencia de manera muy distinta a como lo hacen sus padres.

La familia en la que estos niños llegaron al mundo y crecieron, ahora se transforma. Se ven obligados a ver en prensa episodios donde su madre y su padre, su núcleo, se destroza. Pero ellos, esos niños, tienen que ver que, pase lo que pase, ellos van a poder seguir contando con su familia, con el apoyo, el cariño y la seguridad que ese núcleo familiar les aporta. “aunque sus padres ya no vivan juntos, los dos les van a seguir queriendo toda su vida y les van a seguir cuidando juntos”, porque, en definitiva, esa es la mejor manera de divorciarte protegiendo a tus hijos.

Y es que, no hay éxito en ninguna familia separada o divorciada si no pasa por un entendimiento de ambos progenitores donde apliquen siempre el sentido común en beneficio de sus hijos.

Todas esas familias, mediáticas o no, que acaban enfrentadas extrajudicial o judicialmente, algunas durante años, viviendo una absoluta infelicidad a cambio de obtener algún día un incierto reconocimiento al ver derrotar al otro, solamente consiguen una cosa: “brillar en el fracaso familiar”. Y, quizás entonces, alguno, al verse ganar en el sinsentido, tras la efímera euforia inicial, sentirá el vacío que dejan la rabia y el odio. La familia se ha roto y, al no divorciarte protegiendo a tus hijos, les has causado un daño irreparable. Tirar de ellos hacia lados opuestos, aunque se haya hecho de forma inconsciente, solo les ha ocasionado dolor y, seguramente, haga que sean chicos con carencias en tanto que sus progenitores no les han sabido mostrar su capacidad de entendimiento.

Lo importante en un divorcio es anteponer el amor por los hijos a cualquier rencor o prejuicio. Nadie es perfecto. Cada progenitor tendrá su verdad, su versión sobre los hechos que provocan la ruptura. Pero, los hijos, no tienen nada que ver con esa situación. Los hijos siempre van a ser eso, nuestros hijos, exista matrimonio o no. ¿Por qué luchar por impedir que el otro progenitor pueda estar con ellos, cuando lo que deberíamos hacer es facilitar siempre esa unión? No todo vale en una separación o divorcio. Una mala gestión del mismo puede suponer arruinar tu vida y la de tu familia. Y, es que lo define a la perfección y con un sutil toque de humor Tove Ditlevsen, una escritora danesa contemporánea, “Él pediría en caso de divorcio, la mitad de todo: medio sofá, medio televisor, media casa de campo, medio kilo de mantequilla y, medio hijo”. Pero, no todo puede ni debe romperse en dos. Aprende como divorciarte protegiendo a tus hijos siempre. Es la única forma de ganar en cualquier separación y divorcio.

 

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