Cuando el hijo no quiere cumplir con el régimen de visitas, ¿Qué hacer?

Decía el gran escritor de ficción Philip K. Dick que, “cuando estás loco, aprendes a guardar silencio”. Y, es que, a veces, solo consigues salir a flote cuando has tocado fondo y aprendes a callar mientras equilibras, como puedes, el control de tus emociones, pensamientos y sentimientos.

Yo, quizás no esté lo suficientemente loca porque siempre me ha costado guardar silencio ante todas aquellas situaciones que, aunque se intenten maquillar y, se les dé un color más o menos translúcido, no me dejan callar porque me retumban injustas.

Y, si hay algo que me parece injusto en el ejercicio de mi profesión como abogada de familia es ver que, a veces, a la Justicia, le falta la capacidad para poder darle puntada al hilo de ciertas normas que, hace que algunos progenitores utilicen para eludir sus responsabilidades sin consecuencia mayor alguna.

En la mayoría de sentencias de familia se expresa –y en las que no se indique, debería indicarse– que: “el progenitor custodio deberá cuidar especialmente de facilitar y fomentar la comunicación de sus hijos con el otro progenitor, absteniéndose de realizar actos o de proferir expresiones (ya sea por el progenitor custodio o por sus familiares o amigos), que obstaculicen la normal relación del otro progenitor con sus hijos o puedan influenciar en los mismos negativamente contra el otro progenitor, así mismo, el progenitor custodio deberá comunicar al otro progenitor cuantas circunstancias de interés afecten al menor, con expresa advertencia de que el ejercicio inadecuado de la guarda y custodia que se le atribuye o su ejercicio contraviniendo u obstaculizando lo dispuesto en esta sentencia, puede ser causa de suspensión de dicha guarda y custodia e incluso de atribución al otro progenitor, de conformidad con el art. 776.3 de la LEC.”

Pero, en la realidad, son muchos los progenitores custodios que incumplen con el régimen de visitas o de reparto de tiempo de los hijos menores de edad alegando un simple: “es que si nuestro hij@ no quiere ir con su padre, o con su madre, no lo voy a obligar, ¿no?”.

Y, así, como también posteábamos hace un tiempo en nuestro blog, much@s progenitores creen cumplir con sus obligaciones mientras dejan que sus hijos cada vez se alejen más y más de sus otros progenitores no custodios, sin más, tan solo consintiéndoles a sus hijos no relacionarse con el otro progenitor no custodio. Sin forzar.

Es entonces cuando imagino que, por no forzar tampoco, cada vez que esos hijos, no quieran ir al colegio, o no quieran estudiar, o no les apetezca asearse o, no tengan ganas de comer, o de vestirse, se les aplicará el mismo criterio y no se les obligará en aras a no ocasionarles a esos hijos un trauma.

Pero, ¡en qué cabeza cabe!. Si un hijo no quiere ir al colegio, se le hace ir –salvo que exista un motivo de peso, en cuyo caso estará justificada esa falta y se pondrá solución para que pueda regresar pronto a ese centro escolar o a uno nuevo-, si un menor no quiere estudiar, se le fuerza a que lo haga insistiéndole, poniéndole refuerzo, clases particulares, si se puede, incluso. Si no tiene ganas de comer, se fuerza al menor a hacerlo o se busca una solución profesional para evitar un problema mayor y, lo mismo con el aseo, etc. Entonces, ¿por qué si un hijo menor no quiere ir con el otro progenitor, sin motivo alguno de peso, no se le tiene que forzar a relacionarse con el otro progenitor?

En primer lugar, quiero dejar claro, que siempre he sido más de dejar fluir que de forzar pero, lo que tampoco se puede permitir es que, mientras los niños son pequeños, si no se cumple el régimen de visitas o el reparto de tiempo, porque se alegue que, simplemente el menor no quiere o no le apetezca estar con el progenitor no custodio, si éste último interpone un procedimiento de ejecución judicial al ver que otro progenitor custodio no colabora ni le ayuda a conseguir que la situación cambie y se den esas visitas o reparto de tiempo, lo único que el juzgado ofrezca sea una pequeña reprimenda a un progenitor custodio que, por lo general, tras el pleito “si te he visto no me acuerdo” y, continúa con la misma actitud poco facilitadora.

Y, es que, si todo continúa tras esa sentencia que obliga al progenitor custodio a hacer cumplir con el régimen de visitas del mismo modo, es decir, si ese progenitor custodio sigue incumpliendo, se le puede imponer a éste una multa pero que, normalmente, resulta insignificante. Aun así, si se reincide, el Juez puede considerar retirarle la custodia del menor a ese progenitor custodio incumplidor y, otorgarle esa guarda y custodia al otro padre no custodio. Pero, estas medidas que, constan en el artículo 776 de la LEC recogidas, tristemente, no son demasiado utilizadas y, tal circunstancia, sin quererlo, hacen que entorpecer que un hijo pueda relacionarse con el otro progenitor no custodio, no suelan tener castigo o respuesta que ayude a restablecer la relación entre padres e hijos, normalmente inocentes.

En estos momentos, me encuentro en el despacho con más de un caso donde, hijos menores no se están relacionando con sus padres no custodios porque, según sus progenitores custodios, no quieren ir, o…lo que me parece peor: porque esos progenitores no custodios, aunque intentan conversar con esos hijos para averiguar qué pasa, estos no quieren ponerse al teléfono, no responden a sus mensajes, no quieren quedar con ellos cuando éstos se lo piden o cuando les corresponde y, el progenitor custodio encima les indica que, claro: ellos no pueden ayudarles puesto que, depende en todo caso de ellos ganarse o recuperar su confianza. ¿En serio? Cómo alguien a quien se le niega cualquier acercamiento o se le cierra toda puerta va a poder encontrar una solución…

En estos casos que exponemos, normalmente, siempre sucede lo mismo, es decir: el progenitor custodio deja de hacer que su hijo o hija visite a su progenitor no custodio, es decir, deja de cumplir con el régimen de visitas. Durante tiempo, el progenitor custodio no pone remedio o solución a esta situación, es decir, se muestra pasivo, sin ni tan siquiera interponer una demanda de modificación de medidas para que se suspenda el régimen de visitas, evidentemente, porque en la mayoría de casos, al no existir un cambio circunstancial de peso, esa demanda no prosperaría. Es entonces cuando, el progenitor no custodio, se ve en la necesidad, habiendo fracasado toda posibilidad de acercamiento o de solución amistosa, de acudir a la vía judicial mediante un procedimiento de ejecución de sentencia. Pero, el progenitor custodio incumplidor, no suele dar razón de peso y, se opone a la demanda de ejecución alegando que, es el menor que no quiere ir con el progenitor no custodio y que, por supuesto, el custodio no va a obligar a su hijo a hacer alguna cosa que no quiera. Es entonces cuando suele darse, por petición de las partes en el procedimiento, la exploración judicial del menor.

Y, todo queda entonces en manos de la suerte que se tenga con el criterio del Juez o Jueza y del Fiscal que te corresponda en el Juzgado. Porque, en ningún caso el Código Civil y la Ley de Enjuiciamiento Civil prevén nada en particular para estos casos donde se alega como causa de oposición en ejecución de sentencia por incumplimiento del régimen de visitas que, “el hijo o la hija no quieran ir con su padre y no se les pueda obligar a visitarse….”.

Pero, el régimen de visitas no puede estar condicionado a la voluntad de un menor de edad que no tiene aún capacidad racional suficiente, ni a la interpretación o criterio de diferentes fiscales y jueces.

Un menor, no puede tener capacidad plena para disponer, puesto que no es mayor de edad y, aunque pueda considerarse que cuenta con la edad suficiente para ser oído, sin motivo de peso, no debería secundarse su falta de voluntad por relacionarse con el progenitor no custodio. Toda relación supone y necesita del esfuerzo de las dos partes que se relacionan.

Ante este tipo de asuntos, hay que estar al caso concreto y, no debería ser suficiente tomar una decisión basándose en la prueba de la exploración judicial del menor, puesto que podemos estar ante casos de alienación parental y, tristemente, este es un síndrome que difícilmente se puede detectar por un profesional del derecho en los tan solo quince o veinte minutos que dura una exploración judicial por un fiscal y un juez en el territorio nacional. Aunque, es del todo probable que, si un niñ@, sin causa que lo justifique, no quiere estar con cualquiera de sus padres, sea motivado por la manipulación del otro progenitor y, eso, no debería consentirse.

Igualmente, a esos menores que ya cuentan con catorce, quince años o incluso más edad, recordarles que, ignorar al progenitor no custodio sin motivo, no hacer caso a sus llamadas, a sus intentos de acercamiento, etc., sin que exista un motivo de peso, puede hacer que ese padre, finalmente, consiga judicialmente extinguir la pensión de alimentos, una vez el hijo alcance la mayoría de edad, aun no siendo independientes económicamente, por la falta de relación motivada por el deseo o voluntad de ese hij@. Es decir, emulando a Los Ronaldos, ya no tendrá sentido ignorar a un padre, con un “adiós papá, adiós papá, consíguenos un poco de dinero más”, porque quizás, si no tienes voluntad de contacto y, sin justa causa, incumples el régimen de visitas, te quedes sin el derecho a tu pensión de alimentos al llegar a la mayoría de edad.

No permitamos que padres ni madres entorpezcan la relación de sus hijos con el otro progenitor. Todo hijo merece poder relacionarse por igual con ambos padres y, todo padre tiene el derecho de ver crecer y de relacionarse con sus hijos, sea, más o menos perfecto. Tengamos en cuenta que, como decía el gran dramaturgo italiano Silvio Pellico, “exigir a los progenitores, para respetarlos, que estén libres de defecto y que sean la perfección de la humanidad, es soberbia e injusticia”. Así que, dejemos de ser soberbios y actuemos justamente con nuestros hijos.

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